viernes, 18 de julio de 2008

Destinos en vías de extinción

Islas Maldivas MCT Direct

Las nieves del Kilimanjaro se funden a un ritmo alarmante; las islas Maldivas pueden desaparecer bajo el mar; las elevadas temperaturas del agua están alterando los corales del Caribe y de Australia, y la falta de nieve hará impracticable el esquí en muchas estaciones de los Alpes. Del trópico a Europa y del Ártico al África subsahariana, ningún rincón del planeta escapa al cambio climático. Destinos turísticos de gran valor ecológico temen perder su atractivo a causa del calentamiento global.

Maldivas. Este conjunto de 1,196 islas del océano Indico, de las cuales 203 están habitadas, es uno de los enclaves más vulnerables del planeta debido a sus frágiles ecosistemas y a que es el país más bajo del mundo, con una altitud media de 1.5 metro por encima del nivel del mar y máxima de 2.4 metros. El tsunami ya provocó que un sector de las Maldivas fuera cubierto por el mar y mató a decenas de personas. Las Maldivas, con sus playas de arena coralina, palmeras y espectaculares fondos marinos, es la imagen del paraíso, pero sus habitantes viven con el temor a que la subida del nivel del mar los borre del mapa antes de que acabe este siglo.
Islas Maldivas

Los arrecifes caribeños. Los arrecifes coralinos son claves para la biodiversidad; no en vano, son el refugio de más del 25% de las especies marinas. Los fondos del área comprendida entre México, Belice y Honduras, la segunda barrera más grande del mundo, son el destino cada año de decenas de miles de amantes de la práctica del submarinismo.

Pero estos arrecifes son muy sensibles y un aumento de la temperatura del agua les causa daños muchas veces irreparables. La organización ecologista Adena-WWF constata que, “en otoño del 2005, corales que se remontan a la época de Colón sufrieron el peor proceso de emblanquecimiento y murieron”. Los tifones, que según el IPCC serán más frecuentes, también destruyen los arrecifes. Las economías de Belice o de la isla hondureña de Roatán dependen en gran parte de estos corales para atraer a turistas.


Kilimanjaro
Otro Kilimanjaro. La cumbre de África, el Kilimanjaro (5,896 m.), se funde. Los entusiastas montañeros que quieran fotografiarse en la cima de la montaña tanzana con los glaciares como telón de fondo deberán apresurarse.

Además de superar cinco jornadas de caminata y aclimatarse a la altura, deberán partir cuanto antes rumbo a Mopti, punto de partida del trekking. El Kilimanjaro, para subirlo o, simplemente para disfrutar de su vista, es uno más de los atractivos de Tanzania.
Kilimanjaro

Un estudio de un equipo internacional de glaciólogos concluye que los glaciares del Kilimanjaro se habrán fundido antes del 2020 a consecuencia del calentamiento del planeta, y constata que en el último siglo ya han perdido el 80% de su superficie.

Osos polares de Canadá. La localidad canadiense de Churchill se convierte cada año, entre los meses de octubre y noviembre, en la capital del oso polar. Estos animales esperan a que el agua de la bahía de Hudson se congele para poder correr a la caza de focas, su alimento.




La llegada de los osos es un espectáculo, el revulsivo turístico de Churchill. Pero el calentamiento global afecta especialmente al Ártico y el deshielo de las rutas migratorias obliga a los osos polares a recorrer largas distancias a nado para encontrar un terreno sólido.
Osos polares

Esquí en los Alpes. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) alerta de que el esquí, en las cotas más bajas de las estaciones de los Alpes, tiene los días contados. Las temporadas del 1994, 2000, 2002 y 2003 han sido las más cálidas de los últimos 500 años y el panorama apunta a que el futuro será peor.

De los actuales 609 complejos de Austria, Francia, Alemania, Italia y Suiza con nieve suficiente para la práctica del esquí, solo podrán sobrevivir 202, si la temperatura aumenta cuatro grados, y 500, si solo sube un grado.

martes, 18 de marzo de 2008

Desplazados y refugiados ambientales

Desplazados y refugiados ambientales
El deterioro medioambiental conduce a millones de personas a abandonar sus hogares, un problema que no está contemplado jurídicamente
Las cifras varían enormemente, aunque se estima en 25 millones las personas desplazadas forzosamente de sus hogares en la actualidad por causas medioambientales, un número que podría doblarse en 2010. A pesar de ello, el ordenamiento jurídico internacional no contempla la figura del desplazado o el refugiado ambiental. Por ello, cada vez son más las voces que reclaman medidas para garantizar la supervivencia no sólo de estas personas, sino también del medio ambiente.
Por primera vez en la historia, las guerras ya no son el primer motivo que lleva a una persona a convertirse en refugiado o desplazado, sino la degradación ambiental, provocada o no por el ser humano. Y como es habitual en estos casos, los niños, las personas pobres, mayores y discapacitadas son las más castigadas.
No obstante, dado que ni siquiera se contempla la figura del desplazado o refugiado por causas ambientales, y que tanto las causas como sus consecuencias son muy diversas, conocer el número exacto de personas afectadas resulta muy complicado.

En cualquier caso, algunos expertos e instituciones hablan de cifras muy llamativas, que crecerán considerablemente en los próximos años. Según el profesor de la Universidad de Oxford, Norman Myers, en 2010 se podría hablar ya de 50 millones de personas obligadas a abandonar su casa por la adversidad de su entorno natural. Ecologistas en Acción afirma que en 2020 unos 135 millones de personas correrán peligro de tener que abandonar sus tierras por la continua desertificación, de ellas 60 millones en África subsahariana. Para 2050, según la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja (FICR), unos 150 millones de personas serán "refugiados ambientales". Un estudio del Oxford Research Group habla para esa misma fecha incluso de 200 millones.
En 2020 unos 135 millones de personas correrán peligro de tener que abandonar sus tierras por la continua desertificación, de ellas 60 millones en África subsahariana

En este contexto, España será uno de los países que más sufra las consecuencias de estas migraciones ambientales. El director del Centro de Investigaciones sobre Desertificación, José Luis Rubio, destacaba recientemente que unos 15 millones de personas de los países del sur del Mediterráneo podrían emigrar, principalmente a Europa, en un plazo de una década. Por su parte, Miquel Ortega, Coordinador de la revista Ecología Política, recuerda que ya hay ONG españolas que se ocupan de pescadores africanos sin trabajo por la sobreexplotación en sus aguas por parte de flotas pesqueras europeas.
Por otra parte, los movimientos masivos de población y los campos de refugiados también producen un impacto ambiental, por lo que la degradación del entorno es tanto una causa como una consecuencia de este problema.
A pesar de ello, el refugiado ambiental no se encuentra dentro del ámbito del estatuto jurídico internacional de los refugiados, recogido en la Convención de Ginebra de 1951. En este sentido, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), la Organización Internacional de la Migración (IOM) y el Grupo Político de Refugiados ha optado por la denominación de "personas ambientalmente desplazadas", entendiendo que son personas desplazadas en su propio país o que se han desplazado a través de fronteras internacionales debido a la degradación, el deterioro o la destrucción del medio ambiente.
Posibles soluciones
Diversos expertos y ONG proponen diversas medidas para combatir este problema. En primer lugar, se reclama incluir el deterioro del medio ambiente dentro del concepto jurídico del "refugiado" y "desplazado", para que se pueda proporcionar una protección legal suficiente a estas cada vez más numerosas personas. No obstante, esta nueva figura jurídica no es bien vista por los Estados, al considerar que propiciaría un aumento de los desplazamientos de población, devaluaría la protección de lo refugiados actuales y se ampliarían las denegaciones de asilo.

Por ello, la Universidad Rovira y Virgili reclama además que se amplíe el régimen jurídico del asilo y/o de asistencia humanitaria, para cubrir también a todos los desplazados por causas de degradación ambiental. Asimismo, explica, para evitar posibles causas de discriminación frente a los refugiados "clásicos", recomienda definir la figura del refugiado ambiental a partir de factores objetivos, como la gravedad del desastre natural o la imposibilidad del Estado de origen de asistir a su población.
Además de definir y proteger jurídicamente al refugiado ambiental, los expertos abogan por una serie de medidas que pasan por la cooperación internacional, la conservación del medio ambiente y la recuperación de las zonas deterioradas, la inversión en planes de prevención y mitigación de desastres naturales, el aumento de la información sobre estos problemas, la persecución judicial de los causantes de daños ambientales, la creación de planes especiales de protección para posibles desplazados o refugiados ambientales, etc.

Un problema nuevo de múltiples aristas
La degradación del medio ambiente ha sido un motivo histórico de desplazamiento de la población. En la actualidad, sin embargo, la novedad consiste en el aumento del potencial para grandes desplazamientos de población como resultado de una combinación del agotamiento de recursos, de la destrucción irreversible del medio ambiente y del crecimiento de la población, entre otros factores.
En este sentido, el deterioro ecológico actual, provocado y/o intensificado por el ser humano, tiene múltiples y en ocasiones difusas aristas, como la sequía, la desertización, la deforestación, los desastres naturales, el cambio climático, los accidentes industriales, los vertidos tóxicos, los conflictos armados, etc.